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DOMINGO 25 DE OCTUBRE REFLEXIÓN EVANGÉLICA

6 ago
3 min de lectura

A. Evangelio


XXX Domingo del tiempo ordinario

Mt 22, 34-40

25 de octubre del 2026


Cuando los fariseos supieron que Jesús había hecho callar a los saduceos, se juntaron en torno a él. Uno de ellos, que era maestro de la Ley, trató de ponerlo a prueba con esta pregunta: Maestro, ¿cuál es el mandamiento más importante de la Ley?. Jesús le dijo: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el gran mandamiento, el primero. Pero hay otro muy parecido: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Toda la Ley y los Profetas se fundamentan en estos dos mandamientos.



B. Pasajes paralelos


Evangelio de Marcos

12, 28-34


Entonces se adelantó un maestro de la Ley. Había escuchado la discusión, y se quedaba admirado de cómo Jesús les había contestado. Entonces le preguntó: ¿Qué mandamiento es el primero de todos? Jesús le contestó: El primer mandamiento es: Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es un único Señor. Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu inteligencia y con todas tus fuerzas. Y después viene este otro: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay ningún mandamiento más importante que éstos. El maestro de la Ley le contestó: Has hablado muy bien, Maestro; tienes razón cuando dices que el Señor es único y que no hay otro fuera de él, y que amarlo con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas y amar al prójimo como a sí mismo vale más que todas las víctimas y sacrificios. Jesús vio que ésta era respuesta sabia y le dijo: No estás lejos del Reino de Dios. Y después de esto, nadie más se atrevió a hacerle nuevas preguntas.


Evangelio de Lucas

10, 25-28


Un maestro de la Ley, que quería ponerlo a prueba, se levantó y le dijo: Maestro, ¿qué debo hacer para conseguir la vida eterna? Jesús le dijo: ¿Qué está escrito en la Escritura? ¿Qué lees en ella? El hombre contestó: Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y amarás a tu prójimo como a ti mismo.Jesús le dijo: ¡Excelente respuesta! Haz eso y vivirás.


Evangelio de Juan

13, 34-35


Les doy un mandamiento nuevo: que se amen los unos a los otros. Ustedes deben amarse unos a otros como yo los he amado. En esto reconocerán todos que son mis discípulos, en que se amen unos a otros.



C. Iluminación desde el Antiguo Testamento


Deuteronomio 6, 4-5


Escucha, Israel: Yavé, nuestro Dios, es Yavé-único. Y tú amarás a Yavé, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas.


Levitico 19, 18


No te vengarás ni guardarás rencor contra tus paisanos, sino que más bien amarás a tu prójimo como a ti mismo, pues Yo soy Yavé.



Levitico 19, 34-35


Al forastero que viva con ustedes lo mirarán como a uno de ustedes y lo amarás como a ti mismo, pues ustedes también fueron forasteros en Egipto: ¡yo soy Yavé, tu Dios! No cometan injusticia en los juicios, ni en medidas de longitud, de peso o capacidad.



D. Contexto cultural en los tiempos de Jesús


En el contexto del judaísmo del siglo I, muchos debates se centraban en la correcta interpretación de los preceptos. Jesús desplaza el énfasis desde una observancia meramente externa hacia el principio que da sentido a toda la Ley: el amor. Para Él, el culto, la oración y la obediencia a Dios son inseparables del amor concreto al prójimo; uno sin el otro queda incompleto. Con ello enseña que toda la Escritura debe interpretarse desde el amor a Dios y al prójimo. El cumplimiento de la Ley no consiste solo en observar normas, sino en vivir una relación de amor que transforme la vida.


E. Preguntas para Reflexionar


  1. ¿Reconozco la presencia de Dios en las personas que son diferentes a mí?


  1. ¿Hay alguna persona a la que necesito acercarme, escuchar o reconciliarme?


  1. ¿Mi amor al prójimo es solo un sentimiento o se convierte en acciones concretas?


  1. Si fui creado a imagen de Dios (Génesis 1,26-27), ¿qué imagen de Dios estoy mostrando a los demás?

  1. ¿Qué obstáculos me impiden amar con mayor libertad: orgullo, indiferencia, miedo, resentimiento o comodidad?


  1. ¿Cómo puedo hacer que mi oración me lleve a un mayor compromiso con los demás?





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