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DOMINGO 07 DE SEPTIEMBRE REFLEXIÓN EVANGÉLICA

  • Admin
  • 25 ago 2025
  • 3 Min. de lectura

A. Evangelio



Tiempo ordinario

07 de septiembre 2025

Lc 14, 25-33


En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo: "Si alguno viene a mí y no pospone a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío. Quien no carga con su cruz y viene en pos de mí, no puede ser discípulo mío. Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla? No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo: 'Este hombre empezó a construir y no pudo acabar'. ¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que lo ataca con veinte mil? Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz. Así pues, todo aquel de entre vosotros que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío."




B. Pasajes paralelos


Evangelio de Mateo

10,37-39


“El que ama a padre o madre más que a mí no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí no es digno de mí. El que no toma su cruz y no me sigue no es digno de mí. El que haya encontrado su vida, la perderá; y el que haya perdido su vida por mí la encontrará.”



Evangelio de Marcos

8, 34-38


Entonces llamó a la multitud junto con sus discípulos, y les dijo:

“Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el evangelio, la salvará. ¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su alma? ¿Qué podrá dar el hombre a cambio de su alma? Porque el que se avergüence de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, también el Hijo del Hombre se avergonzará de él cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles.”



Evangelio de Lucas

9, 23-26


Luego dijo a todos: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame. Porque el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mí, ése la salvará. ¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero, si pierde o se destruye a sí mismo? Porque el que se avergüence de mí y de mis palabras, de ese el Hijo del Hombre se avergonzará cuando venga en su gloria y en la de su Padre y de los santos ángeles.



C. Iluminación desde el Antiguo Testamento



Deuteronomio 6,5


“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas.”



Isaías 53,3-5


Despreciado y rechazado por los hombres, varón de dolores, experimentado en el sufrimiento, como uno ante quien se oculta el rostro, despreciado, y no estimado. Ciertamente él ha cargado con nuestras enfermedades, y nuestras dolencias ha soportado; pero nosotros le considerábamos herido, golpeado por Dios y humillado. Mas él fue traspasado por nuestras rebeliones, molido por nuestras iniquidades; el castigo que nos trae la paz cayó sobre él, y por sus heridas fuimos curados.



Eclesiastés 7,8


“Mejor es el fin de las cosas que su principio; mejor es el sufrido que el orgulloso.”





D. Contexto cultural en los tiempos de Jesús



Algunos grupos judíos interpretaban el "Siervo" como el pueblo de Israel mismo, sufriente pero fiel a Dios. Otros comenzaban a ver en estos textos una figura individual, un enviado especial de Dios, que sufriría para redimir al pueblo. Jesús mismo y sus seguidores vieron en este pasaje una profecía sobre él, especialmente a la luz de su pasión y muerte. Su mensaje y muerte desafió las expectativas: no vino como un conquistador terrenal, sino como alguien que aceptaba el sufrimiento para la salvación.



E. Preguntas para Reflexionar


  1. ¿Cómo entiendo yo el sufrimiento en mi vida y en la de quienes me rodean?


  2. ¿Lo veo como algo que puede tener un sentido, como en el caso del Siervo sufriente?


  1. Jesús aceptó el sufrimiento por amor a nosotros. ¿Estoy dispuesto/a a aceptar las dificultades o pruebas con fe y esperanza?


  1. ¿De qué manera puedo ser “siervo sufriente” hoy, sirviendo a los demás con humildad y sacrificio?


  1. ¿Reconozco en Jesús a alguien que se identifica con mis dolores y mis luchas?

¿Cómo esa certeza puede fortalecer mi confianza en Dios?


  1. ¿Cómo puedo ayudar a quienes sufren a encontrar sentido y consuelo en medio de su dolor?

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